Tecnología clínica al servicio de tu recuperación.
Seis disciplinas que combinamos según tu caso: imagen para entender qué pasa, técnicas invasivas guiadas para tratar lo que no avanza, y herramientas no invasivas que aceleran el proceso. Todas integradas con terapia manual y ejercicio — nunca aisladas.
Ecografía musculoesquelética
Imagen por ultrasonidos en tiempo real para confirmar diagnósticos, descartar lesiones graves y monitorizar la evolución — sin radiación.
En qué consiste y qué buscamos.
La ecografía musculoesquelética es una técnica de imagen que utiliza ultrasonidos para visualizar en tiempo real músculos, tendones, ligamentos, nervios y articulaciones. No emite radiación, es indolora y permite ver el tejido en movimiento — algo que una resonancia o radiografía no pueden ofrecer.
En consulta la utilizamos como complemento al examen clínico: cuando hay duda diagnóstica, queremos descartar una rotura, o necesitamos seguimiento objetivo de cómo evoluciona una lesión semana a semana.
También es la guía visual imprescindible para aplicar técnicas invasivas como EPI o neuromodulación con precisión milimétrica.
El protocolo, paso a paso.
Valoración clínica
Antes de la ecografía hacemos exploración física para tener una hipótesis. La imagen sirve para confirmar o descartar.
Exploración guiada
Aplicamos gel y exploramos la zona desde varios planos. Comparamos con la zona contralateral cuando aporta información.
Informe e integración
Te explicamos qué se ve, qué significa y cómo afecta al plan de tratamiento. La imagen es una herramienta, no un diagnóstico aislado.
Cuándo está indicada esta técnica.
Lo que más nos preguntáis.
EPI — Electrolisis percutánea
Corriente galvánica aplicada con aguja sobre tejido degenerado, guiada por ecografía. Reactiva la cicatrización en tendinopatías que no avanzan.
En qué consiste y qué buscamos.
La EPI consiste en aplicar una corriente galvánica de baja intensidad directamente sobre el tejido degenerado, mediante una aguja de acupuntura guiada por ecografía. La corriente provoca una respuesta inflamatoria controlada y localizada que reactiva los procesos naturales de reparación del tendón.
A diferencia de un antiinflamatorio, no buscamos apagar la inflamación: en una tendinopatía crónica el tejido está degenerado, no inflamado. La EPI reabre el proceso de cicatrización para que el tendón se reorganice — siempre acompañada de ejercicio progresivo, sin él no funciona.
Es especialmente eficaz en tendinopatías crónicas que no responden a tratamiento manual o ejercicio aislado, y donde otras opciones serían infiltraciones o cirugía.
El protocolo, paso a paso.
Localización ecográfica
Identificamos exactamente la zona del tendón con cambios estructurales. La aguja se aplica donde realmente hay degeneración.
Aplicación galvánica
Sesiones de unos pocos pulsos de corriente, aplicadas con aguja fina. Se nota un picor o calor moderado durante la aplicación.
Ejercicio progresivo
Tras cada sesión, programa de carga adaptado. La EPI prepara el terreno; el ejercicio reorganiza el tendón.
Cuándo está indicada esta técnica.
Lo que más nos preguntáis.
Neuromodulación percutánea
Corriente eléctrica aplicada sobre el nervio periférico para reactivar la conexión nervio–músculo. Útil cuando el problema no es el tejido, sino el control nervioso.
En qué consiste y qué buscamos.
La neuromodulación percutánea aplica corriente eléctrica directamente sobre el nervio periférico —no sobre el músculo— mediante una aguja guiada por ecografía. El objetivo es reactivar la conexión entre el sistema nervioso y el músculo cuando ésta se ha visto alterada por una lesión, una cirugía o un patrón de dolor mantenido.
Es especialmente útil cuando un músculo está inhibido: no le falta fibra, le falta señal. Tras una lesión de LCA, por ejemplo, el cuádriceps deja de activarse correctamente aunque sigamos entrenándolo; ahí la neuromodulación puede recuperar fuerza mucho más rápido que el ejercicio aislado.
A diferencia de la EPI, aquí no buscamos modificar el tejido: buscamos cambiar el comportamiento del nervio. Los efectos suelen notarse desde las primeras sesiones.
El protocolo, paso a paso.
Localización del nervio
Identificamos por ecografía el nervio diana — femoral, ciático, supraescapular, etc. La aguja se posiciona junto al nervio, no dentro.
Estímulo dosificado
Aplicamos corriente eléctrica a frecuencia controlada durante unos minutos. Se nota como pulsaciones o contracciones del músculo dependiente del nervio.
Reentrenamiento inmediato
Tras la estimulación, ejercicios de activación voluntaria del músculo. Aprovechamos la ventana en la que la conexión está optimizada.
Cuándo está indicada esta técnica.
Lo que más nos preguntáis.
Diatermia (Indiba)
Radiofrecuencia que genera calor en profundidad sin dañar la piel. Acelera la regeneración del tejido, mejora la circulación y reduce el dolor.
En qué consiste y qué buscamos.
La diatermia es una tecnología de radiofrecuencia (capacitiva y resistiva) que genera calor desde dentro del tejido, sin dañar la piel. A diferencia de un infrarrojo o una bolsa caliente, el calor no entra desde fuera: se produce en profundidad, llegando al músculo, tendón o cápsula articular que necesitamos tratar.
Tiene tres modos de aplicación: atérmico (sin calor, en fase aguda), térmico suave (regeneración) y térmico intenso (rigideces, dolor crónico). Esto la hace versátil tanto en una lesión reciente como en un proceso de meses.
No se usa como tratamiento aislado: la integramos dentro de la sesión habitual de fisioterapia, combinada con terapia manual y ejercicio. Es una herramienta para preparar el tejido y acelerar el resultado del trabajo manual.
El protocolo, paso a paso.
Modo según fase
Aguda → atérmico (control de inflamación). Subaguda → térmico suave (regeneración). Crónica → térmico intenso (vascularización y rango).
Aplicación dinámica
Movemos el cabezal sobre la zona durante la sesión. No es un electrodo fijo: trabajamos en movimiento, combinando con masaje o estiramientos.
Combinación con ejercicio
Tras la diatermia, el tejido está más receptivo. Aprovechamos para introducir movilidad, activación o carga progresiva.
Cuándo está indicada esta técnica.
Lo que más nos preguntáis.
Estimulación superinductiva
Estimulación magnética de alta intensidad capaz de penetrar hasta 10 cm en el tejido sin contacto directo. Llega a musculatura profunda donde la electroestimulación convencional no alcanza.
En qué consiste y qué buscamos.
La estimulación superinductiva utiliza un campo magnético de alta intensidad para estimular musculatura y nervios a gran profundidad — hasta 10 cm — sin necesidad de contacto directo con la piel. No es electroterapia: es magnetoterapia con potencia clínica.
Su gran ventaja frente a un TENS o una electroestimulación convencional es la profundidad: alcanza estructuras que de otra forma serían inaccesibles —multifidos lumbares, glúteo medio profundo, suelo pélvico, musculatura paravertebral profunda—. Provoca contracciones musculares involuntarias controladas que reentrenan patrones inhibidos.
También tiene un efecto analgésico directo por modulación de la transmisión del dolor, útil en lumbalgias, dolor crónico y procesos donde el dolor mantiene al músculo apagado.
El protocolo, paso a paso.
Posicionamiento
Cabezal sobre la zona a tratar — sin gel, sin contacto directo. Atraviesa ropa y permite trabajar zonas profundas con comodidad.
Pulsos magnéticos
Aplicamos pulsos a frecuencia variable durante 10–15 min. Notas contracciones musculares involuntarias y una sensación de impulso profundo.
Activación voluntaria
Tras la estimulación, ejercicios para integrar el patrón motor recién facilitado. Aprovechamos la ventana de máxima respuesta neural.
Cuándo está indicada esta técnica.
Lo que más nos preguntáis.
VOESS — Valoración somatosensorial
Sistema de valoración y estimulación del sistema somatosensorial: cómo procesa el sistema nervioso la información del cuerpo. Aporta datos objetivos cuando un caso no avanza.
En qué consiste y qué buscamos.
VOESS (Valoración y Estimulación Somatosensorial) es un sistema diseñado para medir y modular cómo procesa el sistema nervioso la información que llega del cuerpo: presión, posición, movimiento, dolor. Toda esa información viaja al cerebro y vuelve modificada en forma de orden motora — y cuando ese procesamiento se altera, los síntomas dejan de encajar con un patrón clásico de tejido.
Es especialmente útil cuando la recuperación se ha estancado, cuando el dolor no se corresponde con la imagen, cuando hay sensibilización central o cuando el control motor no se reintegra tras una cirugía. En estos casos, el problema no es el tendón ni el músculo: es cómo el sistema nervioso lee y responde a esa zona.
Aporta datos objetivos —umbrales sensoriales, calidad del procesamiento, asimetrías— que el examen clínico no captura. A partir de ahí podemos modular la respuesta neural con estímulos específicos y reeducación dirigida.
El protocolo, paso a paso.
Valoración cuantitativa
Medimos umbrales somatosensoriales en la zona afectada y en la contralateral. Detectamos asimetrías, hiposensibilidad, hipersensibilidad y patrones alterados.
Interpretación clínica
Cruzamos los datos con la historia del paciente y el examen clínico. La imagen del problema cambia: ya no es "tendinitis", es "patrón sensorial alterado en la zona".
Estimulación dirigida
Aplicamos estímulos específicos para normalizar el procesamiento — vibración, presión, movimiento controlado — combinados con tareas motoras.